Es inevitable ver una película de Pixar sin pensar: "Son unos malditos genios". Y, claro, para todos aquellos que disfrutamos al desmenuzar los factores que hacen a una película buena o mala –eso sí existe, todo depende del contexto. Hay películas que nos pueden gustar aunque sean malas, pero de manera objetiva hay reglas–, es una obsesión encontrar el secreto que Pixar domina a la perfección.
Mientras miraba la tercera parte de Toy Story (junto con Avatar, la única película que vale la pena ver en IMAX + 3D), pensaba en todos los estudios mexicanos que hacen animación fallida. Yo los critico mucho, pero la verdad es que tienen un corazón y la intención 100% positiva de conseguir algo digno del aplauso ensordecedor del público. Su problema es justo que nunca buscan temas (y tampoco hacen diseños) que toquen a la gente como Pixar lo logra. Toy Story 3 es de esas películas capaces de unir a una sala de cine en una montaña rusa de emociones compartidas. Los 'ah', 'oh', '¡no!', las risas y sollozos no son exclusivos de algunos asistentes, sino de la mayoría. Es un evento que toca en todo mundo las mismas fibras. El secreto está, creo yo, en que Pixar sabe lo que tenemos dentro y no dejamos salir. A veces parece que Toy Story 3 es más una película de adultos nostálgicos que de niños. Hay una cantidad estúpida de referencias a cosas que sólo un adulto sabría –el cerdito de Pink Floyd y el momento de los tacones, por ejemplo–, aunque la aventura se mueve a un ritmo que estoy seguro atrapará a los niños desde el principio hasta el final de sus 103 minutos de duración.
¿Cuál podría ser el tema de un tercera parte estelarizada por los jugetes más icónicos de los noventa? ¡Claro, el abandono de la niñez y, como consecuencia, el de los juguetes que tanta felicidad le dieron a un individuo durante esa etapa! El Andy de las películas anteriores está por mudarse a la universidad. Woody, Buzz y el resto del crew resienten la indiferencia del niño al que tantos momentos divertidos dieron en el pasado. Ahora los intereses son otros, y los juguetes ocupan un sitio oscuro en un rincón de la casa. Al menos la madre de Andy no se ha deshecho de ellos –mi mamá conserva absolutamente todos mis juguetes, aunque obsequió el Mega-alacrán y la Mega-mosca porque le daban miedo. Podríamos pensar que ese es el fin para estos personajes, pero encuentran esperanza en una guardería. Claro, desde el inicio supuse que una ese no sería el lugar más divertido y acogedor para un muñeco de plástico acostumbrado al buen trato, porque Andy tiene unos juguetes casi en condiciones
mint, de no ser porque no están dentro de su caja. Al parecer no los golpeaba mucho.
Cuando Woody y sus amigos llegan a la guardería, son recibidos con júbilo por los demás juguetes, pero el lugar tiene un secreto que no pinta nada bien para ellos. Uno de los peluches es el líder, y él decide el destino del resto. Es un osito übertierno con un corazón frío, apoyado por uno de los mejores personajes animados ever (Bebote o Big Baby, su fortachón sidekick), y otros panas malhechores que hacen que todo parezca bajo control pero tienen horripilantes planes para los recién llegados.
Woody quiere regresar a manos de Andy, mientras que Buzz y los otros vislumbran un mejor futuro en manos de niños nuevos que los apreciarán más. Los intereses chocan, el plan es descubierto, el escape es inevitable; y todo lo que pasa para que esas tres cosas cuajen es impresionantemente divertido y enternecedor. Hace mucho no paraba de reír en una película como me ocurrió con
Toy Story 3. Estoy seguro de haberme perdido muchos momentos por casi ahogarme a carcajadas. Y el final es un cierre memorable y de momento Remi. Lagrimita o nudo en la garganta garantizados.
Hay secuencias intensas, con una planeación y un diseño que en verdad me hicieron pensar que las mentes detrás de
Toy Story Trois son descendientes de Einsestein o Griffith. Además, los Pixar consiguen algo que siempre ha sido uno de los grandes problemas en las secuelas de películas populares: dar igual importancia y peso a una gran variedad de personajes. Cada muñeco clave que aparece tiene un momento increíble. Y vaya que hay muchísimos.
No importa si la ven doblada, salvo un gag de Buzz Lightyear que, a mi parecer, únicamente tiene sentido en inglés –que no es culpa de quien haya hecho la traducción, sino del gag en sí–, el guión en español es buenísimo. Véanla en IMAX 3D porque en verdad van a vivir algo único.
:D